¡Oh, Ciudad del Olvido! ¡Ánimas en tus ojos contemplas! Calles adustas, esplendor macabro, la senda furtiva —de asesinos y apóstatas, de fantasmas y poetas, ¡sombríos poetas!— fecunda la memoria de la Historia. Expiro cuentos de fantasmagórico encanto, expiro al espanto vivido, ¡mi agonía! Errante nocturno, un escritor macilento, decepcionado y… sincero. Y mi pluma es el filo que corta mis venas; las gotas cubren el lecho de lamentos y resignaciones. Que mi desconsuelo perezca, que mi escritura se tiña con la sangre de mis demonios, mis ángeles y mis heterónimos. Se yerguen el niño, el adolescente, el adulto cual sombras en el despeñadero, sus almas se desgarran y, en cada verso, hallan la morada: ¡son prisioneros del tiempo!
@dargorbattosai

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